Hace 30 años, en un 25 de junio pero de 1978, se jugaba la final del Mundial ‘78 que se organizó en la Argentina y tuvo como ganador a nuestro país. Nos llevamos (los argentinos, yo no había nacido) un buen susto cuando terminó el tiempo complementario con un empate, pero Bertoni a 4 minutos del pase a penales nos dio la victoria.

Y ese fue nuestro primer campeonato del mundo, y para la gente futbolera (como yo) es un orgullo muy grande que la celeste y blanca se haya llevado la copa. Cada vez que comienza un partido siento que estoy adentro de la cancha, siento cada golpe y cada gol… el corazón palpita mucho más fuerte. Es por eso que cuando comienza un partido, todo lo demás -por esos 90 minutos- parece no importar demasiado.
Y evidentemente a muchos nos pasa lo mismo, Argentina es un país futbolero por naturaleza y recordar que hace 30 años del Mundial ‘78 me hace pensar que hace también 30 años de uno de los gobiernos más tristes de nuestro país. No voy a contarles yo, qué pasó en nuestro país en los 70/80 porque sería redundante pero así como hoy en día algunos dirigentes amasan fortunas con los fondos de los clubes, mientras yo le grito a Abreu que patée al arco; así tal cual en ese momento desviaron la atención de la gente hacia el fútbol cuando el país se caía a pedazos. ¡Cómo pudo obviarse algo tan terrible con una pelota girando! Y… si, entiendo. Hoy podría pasar lo mismo.
Seamos sinceros, no fue ni la primera vez porque desde nuestra fundación como país tuvimos carencias penosas; ni será la última vez que la Argentina se cae a pedazos porque llegó el 2001, e incluso hoy nos desvían la atención por cuanta tontería pase cerca. A ver si alguna vez, de una vez por todas, aprendemos a separar los tantos en lugar de ir de banquina en banquina.











