El 29 de enero se me fue mi abuela, mi segunda mamá. La que me enseñó tantas cosas, la que… y me prometí no hacer una lista larga.
Hoy hace un mes, y todavía me parece increible. Pero no, no la extraño… siento que en cada cosa que hago ella está acompañándome, sonriéndome. Y es que no siento su ausencia porque la considero una parte de lo que soy hoy, de lo que me enseñó a ser.
Había escrito párrafos sobre sensaciones y demás, pero los más importantes son recuerdos que me llevo y que algún día detallaré… es eso lo que me guardo. ¡Eso y saber hacer una pelota con diario!
No soy bueno escribiendo lo que siento, pero quería dedicarle una líneas (de lo poco que me sale en este momento de un gran todo que tengo para decir) porque forma parte de Sergio Melzner, y -después de todo- este blog es para compartir lo que soy.
Existe un mito entre los emprendedores que afirma que el sentido del emprendimiento es generar un sistema en que uno mismo pueda hacerlo todo. Creo que no existe algo más equívoco que eso.
La mejor manera de emprender es tomar conciencia que el ser social tiene una aplicación práctica y que la mejor manera de utilizarlo en pos de la idea es buscar personas con intenciones afines o bien otros emprendedores en busca de proyectos. Suena demasiado increíble, pero no es más que gente con ganas de hacer algo, producir cosas, todo el tiempo.
No hace falta mentir. ¿Cuantos de nosotros tenemos una vida tan extraordinaria que tenemos que publicar algo asombrosamente genial cada 5 minutos? Creo que pocos lo tienen, y aunque los afortunados tengan más posibilidades de ser exitoso es contraproducente afirmar algo que no se puede sustentar en los hechos; además de ser muy (pero muy) poco ético.
Un blog más real es el que se lleva con el día a día, con genialidad –naturalmente- pero sin inventar sucesos que no sucedieron. Es fácilmente aclarable, la blogósfera tiene muchísimos miembros y en pocos minutos se comienza a comentar la verdad generando un efecto contrario sin contar que le quita veracidad a todo lo que quizá sea verdad.
No mientas, pero tampoco dejes de ser genial. Es decir, tampoco ocultes cosas de tu vida por miedo a parecer demasiado interesante (ejemplo extremo, si… lo sé) porque los demás puedan cuestionarlo. Siempre hace falta ese touché, la sensación de sorpresa que le provoca al lector cuando contás esas cosas que solamente a vos te caracterizan, o bien de la forma en que a vos te caracteriza.
Intentá marcar esa tendencia pro estilo, y autobombeá tu imagen un poco. No regales méritos, reconocé tus fortalezas. Nunca está de más llevarse un poco del crédito de vez en cuando.